domingo, 1 de mayo de 2011

Día Vigesimoctavo

Pasé la noche más larga de todas las que podía recordar, estuve repasando todo lo que escribí y conté de nuevo los días. Veintiocho días aquí, sin poder salir, sin saber cómo fallecí. Hasta ayer mis sentimientos eran casi planos, no sentía dolor, ni alegría, ni placer. Tan solo sentí esa sensación extraña que me provocaron las palabras de Sofía y que me hicieron sentir vivo por un momento.

Sin embargo esta noche la pasé con cierta ansiedad y nerviosismo. La intriga me desesperaba. Sofía sabía cómo fallecí y me lo contó. Me lo dijo, pero no le oí. El walkie que tanto bien me hizo se quedó sin batería en el peor momento posible.

Ahora sé que ella piensa que me fui, que cumplió su misión al igual que lo hizo con Margaret. Pero sigo aquí, sigo aquí.

·         Sigo aquí – dije con mi voz apagada, mirando por la ventana.

Sofía, acompañada de su padre y sus hijos salieron de casa pronto y se fueron a caminar. Volví a gritar con todas mis fuerzas, pero fue inútil. Nadie me oía. Llamé a Juan, saqué el brazo para que pudiera verme,…. Pero todo fue en vano, se fueron.

Me invadió una enorme soledad, un doloroso miedo, que me volvía loco. Di golpes con mis puños en las paredes, patadas, grité como si de mi tuviera que sacar al mismísimo demonio, hasta que increíblemente me cansé. En todo este tiempo no me sentí agotado, ni tuve sueño, ni hambre… ni sed.
  
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Estoy exhausto del esfuerzo, hoy no esperaré a la noche para escribir todo lo que ocurrió durante el día, preferí hacerlo ahora.

Me he acercado a la ventana para que me diera el sol y el aire fresco de la mañana. He visto algo en la ventana de Sofía. Hay algo pegado en su cristal. Es un papel. Hay algo escrito y me dispongo a leerlo …..










-- Fin --

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