domingo, 3 de abril de 2011

Día Cuarto

Me pasé toda la tarde gritando a la gente que pasaba por la calle, a los vecinos y a cualquiera que pudiera oírme. Di golpes en la puerta e hice todo el ruido que pude. Y fue en vano.

Lo intenté de nuevo en la noche silenciosa, silbé y pienso que hice todo para llamar la atención, pero no obtuve resultado diferente al de la tarde. Me cansé.

Esta noche intenté recordar algo anterior a mi aparición en esta habitación. Reconozco que no había sido mi preocupación hasta hoy pero empiezo a pensar que esto no es normal. Creo que no es normal, aunque tampoco podría asegurarlo. No recuerdo nada de mi vida, ni mi nombre ni mi edad. No sé como soy, qué cara tengo ni de qué color tengo el pelo. No sé quién soy.

Hoy los vecinos han vuelto a salir de sus casas pronto, unos al trabajo y otros a acompañar a sus hijos al colegio. Salvo la vecina del chalet blanco. Ella se queda en casa, sola.

Llegó alguien en un coche blanco, no distinguí el coche pero de él salió un hombre joven y llamando a la puerta la mujer le abrió enseguida. Ella no salió de la casa esta vez. El hombre se dirigió a la puerta principal atravesando el jardín y entró rápidamente.

A lo lejos, donde está la carretera, se ven unos operarios arreglando farolas. Me llama la atención que llevan estos días arreglando la misma farola. Demasiado tiempo para una sola farola.

Pasado un buen rato el hombre salió de la casa y ella le siguió hasta la puerta del jardín que da a la calle. Éste no era el mismo individuo de ayer, pero se fue con la misma prisa que el otro. Ella volvió a entrar en la casa para salir de nuevo al cabo de un rato, regó las plantas y tarareó de nuevo su canción.

En el chalet de al lado, de color mostaza, ha llegado el marido junto con un señor de cierta edad. Estirado, bien vestido y con mala cara de serie. Han entrado en la casa y no han salido hasta el mediodía.

Al caer el sol, llegaron de nuevo todos y a pesar de mis intentos seguían sin oírme, sin verme. Ignorando mi existencia.

Pero lo intentaré de nuevo, no tengo nada más que hacer, aunque la verdad sea dicha tampoco sé, cuando salga, qué voy a hacer. Solo me inquieta no saber quién soy y qué hago aquí.

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