lunes, 25 de abril de 2011

Día Vigesimoprimero

Esta mañana Edu y Fritz de fueron de paseo. María seguía en su ventana mientras que Juan y su familia salieron de excursión como la semana pasada. Es domingo y la calle estuvo muy tranquila, el parque se llenó de niños, madres y abuelos. El día amaneció soleado y la temperatura fue agradable todo el día.

Pedro, el de la casa marrón se pasó casi todo el día en el jardín, sentado en los escalones de acceso al porche. Daba la sensación de que esperaba a alguien solo levantaba la vista cuando pasaba un coche o gente por la calle, el resto del tiempo tenia la mirada perdida en el suelo que pisaba.

La señora vieja de la casa Beige, la que se encuentra más a la izquierda de las cuatro casas, Puso un cartel de “se vende” colgado del balcón mientras sus hijos cuarentones y solteros se lo recriminaban. Hubo una discusión y ambos se fueron de casa entre insultos y otras palabras que no pude entender. Su madre no paraba de llamarlos vagos mientras éstos se marchaban. Me hizo cierta gracia esa estampa.

Pasé el día observando, viendo los niños jugar en el parque, recordando a Antonio subido a su farola y casi echándolo de menos.

Pero a media tarde algo me sorprendió gratamente. María intentaba llamar mi atención moviendo su mano, como si intentara saludarme. Le  correspondí sacando mi brazo por la ventana con el objetivo que lo viera claramente. Movía sus labios como si me hablara pero sin duda yo no podía oírla.

Llegaron en ese momento Juan y sus padres con su hermana y al bajar del coche, y sin perder un instante, Juan señaló la ventada de María mientras su padre intentaba ver algo. Se giró hacia él y …

·         Juan, allí no hay nadie.
·         Papá, yo te digo que la vecina no se fue, está allí. – insistía Juan sin saber que nadie podía verla más que él.
·         Y Jorge…. Jorge tampoco se fue, está ahí – afirmó señalándome a mí.
·         Calla y entra en casa – Dijo Luis mientras le daba una colleja

Julia miró hacia la casa, mi casa, y se quedó así unos segundos. Luis terminó mientras tanto de entrar las cosas en su casa. La hermana menor de Juan entró con él ajena a todo lo que estaba ocurriendo.

·         Jorge, Jorge !! – Juan me llamaba algo alterado a través del walkie.
·         Hola Juan, no debiste hacerlo, ellos no nos ven -  dije con voz suave y tranquila.
·         Es que no me creen!!
·         Claro, ya te lo estoy diciendo. Ellos no me ven, no ven a María porque ella también está muerta.

Hubo un largo silencio.


·         ¿Por eso está tan triste? – preguntó Juan ya más tranquilo.

·         Si, supongo.

Se hizo otro silencio.


·         Pero yo sé cómo murió. Y a ella también podemos ayudarla – sentencié.

·         ¿Cómo? -  no mostraba el mismo entusiasmo pero decidí contárselo.


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