Esta noche he descubierto algo interesante y a la vez inquietante. Me pasé la noche observando a los dos operarios de aquella farola. Han estado trabajando en ella toda la noche y si esto ya es extraño lo que me sorprende es que la farola ha estado encendida toda la noche, ¿qué hay que arreglar entonces?
Ha amanecido con el día nublado y todo ha comenzado como los días anteriores, todos han salido a sus trabajos, los niños al cole y la vecina del chalet blanco, como siempre, esperando una nueva cita.
Pero hoy mi curiosidad está centrada en los dos operarios que, subidos al elevador, siguen manoseando los cables de una manera constante y silenciosa, ni siquiera se les ve hablar entre ellos.
Les grité e hice señas con el brazo para llamar su atención pero están demasiado lejos y si no me oyen los vecinos de enfrente ¿cómo van a oírme desde allí ?. Sin embargo no he cesado en mi llamada, alguien me oirá, porque estoy aquí, puedo tocar esta pared, sacar el brazo por la ventana y oigo mi eco en esta habitación, es imposible que no puedan oírme.
Hoy, la vecina no ha tenido visita y ni siquiera ha salido al jardín, en cambio los del chalet color mostaza han llegado de nuevo, esta vez acompañados de otros dos hombres. Se han quedado dentro hasta el mediodía, momento en que llegó la mujer, atravesando el jardín entró en la casa. He visto dos destellos a través de la ventana, tenían las cortinas corridas pero aun así pude ver dos flashes como si hubieran hecho fotografías. Pensé que se trababa de algún tipo de sorpresa. Al rato han salido los dos hombres llevándose algo entre los dos; el señor con mala cara ha salido detrás de ellos; han puesto el paquete en el coche y se han largado silenciosamente. El marido y su esposa siguieron dentro con las cortinas corridas.
Más tarde empezaron a llegar los vecinos, el marido de la chica del chalet blanco llegó con los niños más pronto de lo habitual. Grité para llamar su atención pero fue nuevamente en vano. Uno de los niños se paró y parecía como si estuviera buscando a alguien, miró en todas direcciones salvo donde estoy yo.
Mas tarde, en mi soledad, he podido encontrar otra piedrecita con la que seguir escribiendo en la pared este diario, no sé cuánto estaré aquí así que intento mantener mi mente ocupada. Quizás nadie lo vea jamás y tampoco esa es mi intención, lo hago porque me aburro y porque me reconforta escribir. Me pregunto cómo puedo saber hablar y escribir y no recuerde ni mi nombre. ¿cómo firmaré entonces este diario?
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