Esta mañana, muy pronto, volvieron a traer muebles, vinieron carpinteros y electricistas y tras unas horas se fueron. Hasta la tarde no hubo movimientos, no se oía a nadie en la casa. Llegaron los que vivirán en la casa. Son una pareja de chicos de unos 30 años, bien vestidos y de plante distinguido. Los vi enamorados entre sí.
Estuvieron cerca de mi habitación, hablando y comentando la decoración. Como si estuvieran aquí mismo pero ni los vi ni conseguí que me oyeran. Grité y golpeé la puerta y las paredes. Es como si estuviéramos en dimensiones distintas.
A través de la mirilla de la puerta podía verlos pasar de un lado al otro de la casa, subiendo cajas a la planta de arriba, en la que me encuentro. Antes no podía ver nada porque la casa interiormente es algo oscura. Sin embargo ahora, con las luces encendidas, puedo ver cómo es parte de la casa.
No supe nada de Juan y el operario sigue trabajando.
Hace un rato se fueron a dormir, tras una cena entre ambos que no pude ver porque comen en la planta baja, pero que oí lleno de palabras de amor entre plato y plato, y entre sorbo y sorbo.
Ahora ya no oigo nada, ni ruido quiero hacer. No tengo prisa, mañana seguiré insistiendo. Mañana he de hacerme oir.
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