Como casi todas las mañanas vi salir el sol, ilumina graciosamente los árboles del parque, allí donde estaba Antonio y Andrés, El verde de sus hojas se ven brillantes cada mañana. Vi gente haciendo deporte desde primera hora.
· Oye!! – Aunque la voz provenía del walkie vi a Juan mirarme desde su ventana, llevaba aun puesto el pijama. Estaba sentado sobre su cama.
· Buenos días Juan, te despertaste pronto hoy – Aunque parezca irónico su voz me hacía sentir vivo.
· Me desperté con más ganas de acción. Lo de ayer fue emocionante. – transmitía ilusión en cada palabra.
· Me sorprendiste. No esperaba que hicieras eso, fuiste muy inteligente y muy valiente.
· Si ¿verdad? – dijo soltando una tímida risa.
· Oye Juan, ¿podrías hacerme un favor?
· Claro. – saltó de la cama sin dejar de mirar hacia aquí. Como preparándose para salir corriendo a su nueva misión.
· Pregunta, investiga qué pasó en esta casa, donde me encuentro. Pide si hubo algún accidente. Necesito que averigües si alguien murió aquí hace poco.
· Dame tiempo!!
Juan soltó el walkie y empezó a vestirse tan deprisa como pudo, salió de su habitación y a media mañana pude ver como él, su hermana pequeña y sus padres salieron en su coche. No volvieron hasta la tarde.
María seguía en su habitación, triste. Su marido no pasó la noche en casa pero llegó pronto en su coche, con algunas maletas y bolsas. Llevaba el coche lleno y una vez descargado se volvió a marchar.
Pedro y Daniela, los de la casa Marrón volvieron a recibir la visita de la policía, no entraron en la casa, se quedaron hablando con el Pedro durante unos minutos en el jardín. Justo cuando se marcharon salía Daniela. Pedro, con una seña, le indicó que volviera a dentro de la casa.
Oí hablar a Fritz y Edu desde su habitación contigua a la mía, o mejor dicho, este supuesto baño. Entre frase y frase Fritz dejaba caer una pregunta a la que Edu respondía. El camino de las conversaciones se orientaron en temas de trabajo. Fritz parecía interesado en la organización de la empresa de su pareja.
Cuando por la tarde llegó Juan subió a su habitación y cogiendo el Walkie me llamó:
· ¿Jorge?
Sonó como una pregunta, me quedé en silencio, ignoraba quién era Jorge y si Juan en realidad quería hablar conmigo o con algún amigo suyo.
· Jorge – insistió.
Decidí responder, nadie lo hacía y no quería que Juan se fuera.
· Hola Juan, no soy Jorge, pero te oí hablar y …. –la luz verde de mi walkie se ponía en color ámbar y al despulsar supe que Juan me seguía hablando.
· Te llamas Jorge!! – aseguró interrumpiéndome
· ¿Cómo? – mi sorpresa fue tremenda. Miré hacia él de nuevo y su cara de felicidad era tal que desde aquí podía sentirla.
· En la casa donde estás vivía un chico llamado Jorge, pero mi papá dice que no murió nadie allí.
· Entonces no puedo ser Jorge, yo estoy muerto. – hice un silencio y…- pero puedes llamarme Jorge si lo prefieres.
· Dice mi papá que el chico ese, tu, bueno quien sea, se fue un día y no supieron más de él.
· ¿Y tu mamá? … ¿ella no sabe algo más? – la información no me servía de nada.
· ¿Mamá?, ella dijo lo mismo, aunque ella no lo vio irse y mi papá sí.
Eso me confirmó que yo no podía ser Jorge. En este tiempo pude deducir que los muertos se quedan en el sitio donde murieron hasta descubrir cómo o el porqué ocurrió.
· Juan, hazme un favor.
· Dime – respondió otra vez dispuesto.
· Pregúntale qué le pasa a la mujer de tu vecino, el de la casa mostaza.
· Mi mamá dijo el otro día que se había ido de casa. Dice que dejó a su marido por otro hombre.
· Te equivocas Juan, ella está en su habitación. Está enferma. Sal a la calle y míralo tú mismo. – rectifiqué sus creencias pues era evidente que no se había ido. Quizás sus padres dedujeron eso al no verla más por ahí, sin haberse fijado que está la mayor parte de día y la noche observando por el ventanal de su habitación.
Juan salió a la calle, con le walkie en la mano, se situó frente a la casa mostaza y mirando al primer piso, al ventanal, y tras una largo silencio:
· ¿Está enferma? – preguntó.
· Sí, pero aun no ha venido el médico, y lleva así varios días.
Entonces, como si una la inspiración me hubiera invadido, lo vi claro.
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