Esta mañana la gente no salió a trabajar y los niños salieron a media mañana al jardín. Debe ser sábado. El día es soleado. Yo sigo sin tener sueño, ni hambre.
Me pasé de nuevo toda la noche observando a los dos operarios de la farola que seguían trabajando, cambiando cables. Pero esta mañana me llevé una inquietante sorpresa: solo veo a uno de ellos y sigue trabajando.
Esta mañana también tuve otra agradable sorpresa. Se llama Juan y tiene 8 años. Gritando no me daba cuenta que me miraba desde el jardín de su casa, la blanca. Me saludó tímidamente con su mano a lo que yo correspondí con la mía acompañado de una sonrisa.
Me pasé de nuevo toda la noche observando a los dos operarios de la farola que seguían trabajando, cambiando cables. Pero esta mañana me llevé una inquietante sorpresa: solo veo a uno de ellos y sigue trabajando.
Esta mañana también tuve otra agradable sorpresa. Se llama Juan y tiene 8 años. Gritando no me daba cuenta que me miraba desde el jardín de su casa, la blanca. Me saludó tímidamente con su mano a lo que yo correspondí con la mía acompañado de una sonrisa.
Le hice señas y se acercó, atravesando la calle y quedándose a las puertas del jardín de donde estoy.
Ahora sé que en la casa donde estoy no vive nadie. Sé también que su equipo de futbol preferido ha ganado la liga y me contó quiénes son sus jugadores preferidos, cuántos goles marcó cada uno y sus lesiones. Pero de sus padres no conseguí nada.
Le pedí que llamara a su padre o a su madre para que salieran de su casa y los trajera aquí, pero volvió al rato otra vez solo. Me contó que sus padres no podían salir, que estaban ocupados. Entonces le dije que les hablara de mi a sus padres, que les dijera que estoy aquí atrapado y que necesito ayuda para salir. Se fue y antes de entrar en su casa me dijo tímidamente adiós con la mano.
Allí a lo lejos sigue trabajando el incansable operario.
En la casa de color mostaza no he visto mucho movimiento, el hombre ha estado todo el día mirando la televisión y solo ha salido a comprar el periódico. Su mujer se pasó el día en una de las habitaciones de arriba mirando tras el cristal de la ventana.
Me alegra el saber que ya saben de mí, que el niño hablará con sus padres y que pronto podré salir de aquí.
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