El sol salió precioso iluminando mi cara acompañado de una brisa fresca. Margaret seguía en su habitación, mirando por la ventana. En la casa de al lado estaba Pedro en su jardín, también se le veía triste. Estaba sentado en el césped con la mirada perdida en el suelo. Su mujer se unió a él más tarde, se sentó a su lado y dejaron pasar el tiempo como si no hubiera nada más que hacer.
En el otro extremo, la vieja mujer seguía recriminando a sus hijos entre gritos lo holgazanes que eran y les advertía que lo que sacara de la casa lo donaría a beneficencia que es donde acabarían de seguir así.
Me daba cierta gracia verlos, víctimas de una mala educación y de su propia desidia ante la vida. 40 años y seguían dependiendo de su madre ya anciana. Al menos, aunque tarde, ella espabiló y dijo basta.
Edu no durmió en casa esta noche pasada y Fritz se levantó pronto, parecía nervioso o quizás más bien impaciente por algo. No paraba de moverse de un lado al otro de la casa y siempre llevaba consigo el teléfono móvil como si de una llamada dependiera.
· ¿Jorge? – se oyó tímidamente por el altavoz del walkie.
· Dime!! – yo no lo había soltado en toda la noche. Miré por la ventana y vi a Sofía. Estaba en el balcón de su habitación, vestida con ropa de deporte.
· ¿Cómo pasaste la noche? … no te dije nada porque estaba mi marido – aclaró
· ¿Le temes? – pregunté
· ¿Termerle?... ¿Por qué dices eso?
· Por nada, la verdad – dejé correr mis sospechas de momento, quería centrarme en Margaret pero antes había que desenmascarar a Fritz. – Sofía, voy a contarte algo y necesito que me ayudes.
· Dime amor … perdón – se rectificó inmediatamente.
Esas palabras me provocaron una sensación dolorosa a la par que placentera. Mi pecho se quedó sin respiración y por un segundo me sentí sudar.
· Fritz está planeando estafar a su pareja, Edu. Le van a robar algo muy valioso que está en su oficina, debes avisar a Edu.
· No conozco a esta gente de nada, no sé ni dónde encontrarlo. – dijo con cierta impotencia.
· Entonces habla con Fritz, dile que sabes lo que están planeando, quizás con eso cancele sus intenciones y ganemos tiempo para explicárselo a Edu. –
· ¿Pero de qué hablas?... no entiendo nada!! – se bloqueó.
Entonces hubo un silencio, yo necesitaba pensar y ella comprender.
· Simplemente dile que alguien ha avisado a la policía de sus intenciones, no sé, pero haz algo!! – algo me decía que el tiempo corría demasiado deprisa.
Sofía, walkie en mano, bajó a la calle, la cruzó y llamó al timbre de mi casa, la de Fritz y Edu.
Fritz no tardó nada en abrir la puerta y Sofía, sin pensárselo dijo:
· No me preguntes cómo lo sé, pero lo que piensas hacer no lo hagas.
· ¿Cómo? – Fritz puso cara de incredulidad y continuó - ¿se puede saber de que estás hablando?
Interrumpí a Sofia antes de que metiera la pata tomando partido en el asunto de una manera directa. Me aproveché de que Sofia seguía con el walkie en la mano.
· Sabemos que vas a robar el dinero que Edu tiene en su despacho. Sabemos lo del viaje
Fritz cambió la cara inmediatamente, como si hubiera visto un fantasma. Sofia puso la misma cara, estaba inmóvil en la acera de la calle y miró por un instante hacia mí. A lo que fritz se metió en casa de un portazo.
· Vete!!... vete ahora y metete en casa!! – ordené a Sofia. Ella se giró y como si de fuego escapase corrió hacia su casa y se encerró dentro.
Mientras tanto Fritz empezó a llamar a quienes iban a perpetrar ese robo para avisarles de lo que había ocurrido. Quería pararlo todo pero parecía que sus interlocutores no estaban por la labor. Ellos querían seguir con el plan y Fritz cada vez se ponía más nervioso.
· Sofia – dije por el walkie
· Dime – contestó algo alterada. – estoy asustada.
· Tú no hiciste nada malo, sino todo lo contrario. Lo que pasa es que quizás no haya servido de nada.
· ¿A qué te refieres? – preguntó con voz suave.
· Ahora no puedo perder tiempo contándotelo. Debes localizar a Edu como sea y avisarle que esta noche robaran en su oficina, y sobre todo dile que lo ha maquinado su novio.
· Te he dicho que no sé nada de ellos – gritó
· Hazlo!!.. por mi, por el amor que nos teníamos, y que aun te tengo. –
Mentí, mentí totalmente, me aproveché de ella y el estomago me dio un vuelco, lo sentí retorcerse mientras intentaba sacar partido a su “Dime amor” que antes me soltó.
Hubo un silencio, un largo silencio y al final dijo:
· Está bien, lo haré. – dijo llorando.
Anocheció, Fritz se fue en su coche. Apagué el walkie para ahorrar batería y volví a mi rincón.
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