lunes, 4 de abril de 2011

Día Octavo

Lunes, de nuevo la gente al trabajo y los chicos al colegio. El chico del chalet marrón debió volver por la noche, pues esta noche salió con su hermano y su madre hacia el colegio mientras que su padre, en el otro coche, ha salido hacia su trabajo. Debe trabajar en una oficina porque va con traje, muy arreglado. La mujer va de uniforme de azafata, debe trabajar en un aeropuerto.

Los de la casa blanca también han salido salvo la mujer que los despidió en la puerta. Momentos después llegó, como era de esperar, otro hombre y entró en la casa, la puerta del jardín ya estaba abierta y la de la entrada de la casa también. Se quedó en la casa hasta el mediodía y se fue igual de rápido y sigiloso como en su llegada.

El Sr. De la casa mostaza ha salido esta mañana y no volvió hasta la noche. Su mujer quizás esté enferma estos días porque se pasa el día en su habitación. Creo que me ha visto pero no ha respondido a mis señas.

Juan no me saludó esta mañana, ni a la tarde tras llegar del colegio. ¿se acordará de mi?

La anciana se pasó el día limpiando las persianas de su casa y al finalizar el día su hijo colgó un cartel de “se vende” en el balcón. Luego discutieron aunque él no decía mucho ni levantaba la voz. Mientras la anciana seguía maldiciéndole él se limitó a encerrarse en su habitación.

Yo he seguido haciendo señas a todo el que pasó por la calle, la ventana es muy pequeña y quizás la distancia impida que me puedan ver y oír con claridad. En el suelo de esta habitación hay piedrecitas. Mañana lanzaré algunas al exterior para llamar la atención.

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